Lo que merecemos…

Quiso la casualidad que en un periodo no tan grande de tiempo (máximo par de años) fui al mismo bar en dos ocasiones distintas, con dos acompañantes distintos. El primero era, entonces, un novio incipiente.

Apenas llegamos, cuando estaba a punto de terminar mi primer cocktail, mi compañero de barra bufó y de mal humor me dijo que debíamos irnos de inmediato. ¿La razón?: había muchos hombres en el bar y me estaban mirando y eso él, no lo iba, ni a soportar, ni a permitir.

Le aconsejé al sujeto en cuestión que si sus celos llegaban a tal punto, lo mejor era hacerse de una novia que fuera lo suficientemente gris para pasar más desapercibida que un chayote cocido sin sal (cuentan la leyenda y el chismoso de Zuckerberg que me hizo caso).

Yo seguí con mi vida y tiempo después el destino puso en mi camino a un señor con el que, casualmente fui a dar al mismo bar y de pronto, mientras él bebía su gin tonic y yo mi mezcal con jugo de mango, lo vi sonreír. Al preguntarle el motivo me dijo: Hay dos señores en la barra de atrás que no dejan de mirarte. No puedo evitar sentirme profundamente afortunado y orgulloso de que vengas conmigo.

¿Quién creen que sigue siendo el coprotagonista de mis noches de mezcal?

Tan simple

Felices pasos

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