Las buenas personas

“Preséntame un buen hombre, porque ya no quiero que me rompan el corazón”, me dice una prima durante una charla telefónica hace unos días.

Levanto una ceja (con mas cinismo que otra cosa) y tomo nota mental: “los buenos hombres no rompen el corazón”.

Recuerdo entonces la conversación que tuve hace semanas con alguien que me hablaba sobre determinada gente de su pasado a la cual tenía clasificada en dos categorías: unas buenas y otras malas personas. Confieso que desde un principio tuve mis dudas sobre semejantes etiquetas y cuando le pedí que me dijera las características específicas que poseían unas y otras, confirmé mis sospechas: jamás pudo decirme con certeza que tienen los buenos que los hace buenos; y los malos que los hace malos. Todo era a fin de cuentas, un punto subjetivo sobre quien tiene mayor simpatía o antipatía por unos u otros. “Es una buena persona”, me reiteró tajante y yo me quedé como el doctor muerte, Gatell pensando: “no hay evidencia científica de para confirmar lo que dice”.

Quiso la casualidad que precisamente de quien me habían dicho que era buena persona, días más tarde, tuvo un tropezón que no solo le quitó el título sino que la mandó al pabellón de las brujas de cuento con mención honorífica… pero esa es otra historia.

Llevo desde entonces pensando en eso de las buenas o no buenas personas. ¿Quién nos califica?, ¿qué nos define?, ¿quienes lo deciden?

No logro descifrar lo que se necesita para lograrlo. ¿Las buenas personas son fieles? Podría pensarse que sí, pero yo, que he atravesado las garras de la infidelidad y dejando el papel de víctima de lado, podría decir muchas cosas de mi ex marido, pero no sé si tenga todos los elementos para afirmar que es, en todo el sentido de la palabra, mala persona.

¿Las buenas personas somos las que odiamos al presidente? Pero entonces, ¿todos sus fanáticos son malos solo por ser adoradores de quien odiamos? ¿Las buenas personas donan en el cajero dinero para la fundación de Lolita Ayala?, ¿las buenas personas saben perdonar? (ya valí madres), ¿las buenas personas no son corruptas ni dan mordidas?, ¿no comen Nutella para evitar que los gorilas pierdan su hogar?, ¿las buenas personas cometen indiscreciones en aras de apoyar a quien quieren… o dicen mentiras piadosas por ser empáticos con sus afectos?, ¿bajo que circunstancia se miente sin dejar de ser buena persona? ¿Ven las buenas personas por el bienestar de sus hijos antes que por el suyo propio?, ¿las buenas personas son las que no juzgan a la ligera?, ¿las buenas personas hablan sólo con conocimiento de causa?, ¿comen solo verduras para dejar de matar animalitos?, ¿rezan todas las noches? Y si sí… ¿a qué Dios le rezan para ser tan buenas?

¿Las buenas personas son detallistas con sus parejas?, ¿persiguen sus sueños y luchan por estar con el ser amado… o por el contrario, si Cupido los tiene contra las cuerdas renuncian al amor con tal de no andar ostentando el título de “rompe/hogares”?, ¿las buenas personas se saben valiosas e independientes o le venden su alma al diablo por una vida más cómoda?, ¿tienen inteligencia emocional o andan por ahí compartiendo su histeria con el mundo?

¿Cuántas de todas estas características debo tener para ser una buena persona? Mientras lo pienso, veo en televisión el diálogo de una madre que sobre su hijo dice: “He’s a good boy”, al tiempo que el “good boy” le embarra el cerebro en la pared a su enemigo de un balazo.

¿Quieren y cuidan de todos los animalitos? (Cuentan que Hitler amaba a sus perros, nomás digo), ¿lloran cuando ven Coco?, ¿le tienen paciencia a los niños y a los adultos mayores?, ¿separan la basura?, ¿trabajan por la equidad de derechos en el mundo o juzgan a quienes son distintos a ellos?, ¿no oyen reggaetón?, ¿a qué equipo de fútbol le van?

Esa escena confirma lo que sospecho desde un principio: el mundo es demasiado amplio y los humanos demasiado complejos como para dividirnos en buenas y malas. Creo entonces que las personas promedio (porque claro, siempre hay sociópatas) tenemos un mosaico de rasgos de todos tipos y colores. Prefiero, a título personal, hacerlo entre personas cuyas características positivas y negativas pueden hacer match con las mías. Personas que tienen lo que me parece importante para andar de su mano por la vida, y cuyo ramillete de defectos se adapte al mío (y sí, algún chairo se cuela en mi lista, la verdad). Creo que por salud mental, se anda mejor por la vida sin dividir al mundo entre héroes y villanos (eso se lo dejo a los guionistas de La rosa de Guadalupe)… pero no sé, sólo creo y puede que creerlo me haga ante los ojos de antes, una muy mala persona. Quien sabe.

Autor: Violeta Verdú

Me gustan los tacones, me gustas tú

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