La señora de los libros

Cuando creé a Violeta, o mejor dicho, cuando Violeta eligió existir; era una chavita en el final de sus 20 con la vida de cabeza y la necesidad de empezar de cero para comerse el mundo.

Hará cerca de quince años que, con un divorcio -no planeado claramente- a cuestas, una recién estrenada orfandad, y la necesidad de revelarme ante el mundo que me habían impuesto, Violeta y su pasión por los zapatos de tacón aparecieron no solo para ser mi voz, sino para ser un personaje con el que se identificaban aquellas mujeres que la leían y encontraban a través de sus historias, una historia similar, una lágrima derramada por las mismas causas, satisfacciones parecidas, corazones rotos y reparados en paralelo, e incluso puntos de discordancia respecto de lo que opinaba esa joven alocada en sus 30 que tenía mucho por explorar, con una única condición: ahora jugaría el juego bajo sus propias reglas.

Todo lo que Violeta quiso hacer en su momento, lo ejecutó. No todo fue acertado, ni bueno, y no todo salió como planeaba pero en general diría que fue saldo a favor: fue mucho más lo positivo y de lo malo, siempre se aprende algo.

Así dirigió la que en su momento fue la revista femenina más leída en el mundo, viajó lo que quiso, se divirtió, creó lazos de amistad que se volvieron fundamentales en su vida adulta, escribió muchísimo, bebió mezcal, fumó e intentó dejar el cigarro más de una vez, tuvo muchas desveladas a cuestas, muchas fiestas y muchas horas de trabajo y esfuerzo. Alguna historia fallida habrá tenido; y para alguien sea tal vez la villana de la película mientras que para otros sea la imagen de esa historia que tristemente no pasó. Aprendió a convivir con sus muchos defectos, se peleó con ella misma montones de veces y tantas otras, se reconcilió.

Lo que Violeta no contempló es que un día sin darse cuenta los años pasarían y sería entonces cuando tendría que recoger las recompensas o en su defecto, pagar las facturas de sus decisiones pasadas; y lo qué tal vez tampoco pasó por su mente es que, a pesar de los años y la edad y la experiencia, cada día también puede ser una ocasión para meter la pata y regarla nuevamente.

De eso, después de todo, se trata la vida. Violeta y esta, su creadora, la siguieron regando, en muchos aspectos, pero también siguieron viviendo y disfrutando la vida como consideran que sea la mejor forma de hacerlo.

Algunos amigos se fueron, de algunas personas se deshizo, algunas malas historias están 100% afuera de su vida (no sabe mirar atrás, nunca, bajo ninguna circunstancia), algunas canas aparecieron, alguna parte de su piel habrá perdido firmeza; en materia profesional cometió las más grandes metidas de pata… y a pesar de las tormentas volvió a apreciar los días soleados.

Tras un tiempo de prueba y error, Violeta se dio cuenta que hace mucho ya no es la chica de los tacones; que es una señora con los 40 ya muy avanzados, y que ha encontrado una nueva y gran pasión: hoy es la señora de los libros.

Desde inicios de la pandemia decidió poner en pausa sus historias para contar las de otros, y descubrió en esta nueva forma de ganarse la vida y alimentar su alma, que siempre, sin importar la edad ni las circunstancias, se puede volver a empezar.

Hoy, con las broncas propias de la vida adulta (esas no paran), le ha entrado la espinita -por petición también de algunos de sus grandes afectos- de desempolvar este blog, de contar las historias propias de una mujer de su edad y dejar de lado esas noches locas en la barra del bar para alguien más.

Hoy, Violeta es una señora serena y en general, feliz, que ama lo que hace, que tiene afectos entrañables y que está enamorada de un señor que también está enamorado de ella (pero no le digan que lo sé); se sigue sintiendo bien en su cuerpo aunque, a decir verdad, cada vez aguanta menos los tacones.

Su proyecto personal, Musas a medida (https://musasamedida.com/) la hace profundamente feliz, y este día, curiosamente mientras espera que despegue su avión, en una sala de espera de un aeropuerto, decidió que era momento de desempolvar este espacio… y cómo ya sabemos, Violeta siempre hace lo que quiere.

FELICES PASOS

Autor: Violeta Verdú

Me gustan los tacones, me gustas tú

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