La mejor terapia

He tenido muchas y muchos terapeutas de esta naturaleza en la vida.

Y es que, hay un sitio en el mundo -o al menos en México- donde todas las personas que estamos ahí formamos parte de un grupo de autoayuda involuntario: la estética.

Solo las mujeres podemos dimensionar la intimidad repentina y hasta fugaz que se crea cuando llegamos a un salón de belleza y mientras nos ponemos en manos de alguien para arreglaremos uñas o cabello o todo, hacemos de la otra persona nuestro espejo y confesionario cerca de dos horas.

Y de igual forma, quien hace su trabajo, también aprovecha esos momentos para hablar con “las clientas”, para contarle sus problemas, sueños, frustraciones y demás temas.

El otro día conocí a Citlali, quien trabaja en Gentelmens Tonic; la espectacular barbería que se encuentra dentro del hotel Four Seasons y que siempre vi como un espacio diseñado exclusivamente para hombres.

A pesar de su look masculino, este espacio cuenta con lo mejor de los servicios estéticos también para mujeres, y posee uno de los que, me parecen, son los grandes valores que existen en este país: atención de primera.

Mientras Citlali me comentaba lo mucho que le gusta su trabajo (¿han observado la tremenda pasión que les genera su profesión a quienes se dedican de una u otra forma a la belleza?), me contaba también que recientemente volvió al trabajo luego de tener a su segundo bebé; y así, entre un corte y otro, nos íbamos contando de la vida cotidiana, con todo lo bueno y lo malo que ello implica.

Cuando me tomé el segundo Nespresso y elegía qué color ponerme en las uñas, le confesaba a mi manicurista e interlocutora que era muy cobarde para cambiarme el look o cortarme el pelo y renunciar a mis rizos locos; pero que sentía que ya era tiempo de cambiar.

“Con calma”, me dijo Citlali, “ya sabrás tú cuando llega el momento, así que mientras vamos a hidratar esos chinos”.

Recordé entre la charla el comentario que hace años me hizo un hombre que me amaba con locura: “tú no te has percatado, pero cada vez que algo planeas, vas a cortarte el pelo”.

Tenía razón entonces y la tuvo ahora; así que le dije a la dulce Citlali que no tardaría en volver porque tal vez ya era hora de un cambio. No sabía que en solo unos días después, mi vida daría un giro radical y que, por una serie de carambolas consecutivas del destino, mis pasos se dirigirían a otro sitio dramáticamente opuesto al que creí que era mi camino.

Y tal vez como me decía entonces ese hombre que tanto me amaba, es probable que ese cambio, sin saberlo, yo lo tenía ya anticipado.

Pero sea como sea, llegar a platicar de tus cosas con alguien a quien en apariencia solo conoces superficialmente, siempre es terapéutico. Y si hay algo que no aterrizas del todo, hacerte un cambio de look, siempre da claridad.

Me consta

FELICES PASOS

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