Creo en la equidad de género…

“Pero si tú me juzgas solo por mis letras, yo, cariño hago lo mismo solo con tus tetas”.

Rafa Pons

… Y no por eso me siento ofendida si un hombre me cede el paso, o me abre la puerta del auto.

No creo que quien tiene alguna atención conmigo lo haga por hacerme sentir un ser inferior.

Estoy convencida que estamos en pañales en materia de inclusión y que urge -urge siempre, urge diario, urge cada día más- educarnos y reeducarnos para entender que a pesar de nuestras diferencias debemos tener los mismos derechos y oportunidades en materia laboral y social. Incluso, desde mi trinchera, hago lo propio para promover esta cultura.

Pero no, no por creer así dejaré de ser la mujer femenina que soy. Y lo digo porque el otro día me topé con una chica algo más joven que yo, que no bien me hubo visto, y sin conocerme apenas despepitaba de mi persona, sobre mi “clara situación privilegiada”, y me reclama que con qué cara hablaba de inclusión cuando me visto como me visto, me peino como me peino y hablo como hablo”….

Y es que también, en esta época en la que solo se necesita un dispositivo móvil y una conexión a internet para creer que somos líderes de opinión, es fácil enredarse y caer en la típica trampa: tenemos la mente tan estrecha que damos por hecho de que quien no piensa como nosotros merece la hoguera. Quien no dona dinero a los refugios de animales es maltratador de perros; quien no usa popotes de metal es asesino de tortugas; quien no votó a favor de quien yo voté es fascista, cruel, superficial, y si se descuidan, hasta genocida; y volviendo a mi anécdota: “quien se viste como mujer y cae en la trampa de los estándares de belleza impuestos por la sociedad, no tiene derecho de hablar sobre machismo o feminismo”.

Y esta chica, cuyo argumento se vio eclipsado cuando no respondí de la forma violenta en que ella esperaba, no tuvo más remedio que cerrar la boca al ver que su único código de comunicación aquí no funcionaba. Y ahí le quedó medianamente claro que se puede pensar distinto sin ser enemigos y sin estar mal; y que se puede llegar a un acuerdo sin necesidad de darse con la cubeta.

Así pues, ahora resulta que tengo que andar por la vida aclarando que aunque me peine, me depile, me guste estar maquillada y usar tacones, me guste en el contexto correcto jugar el rol de fémina; aunque cocine y atienda a quienes vienen a mi casa (No solo a mi pareja, amigos y amigas por igual), aunque sea y parezca mujer; creo y trabajo por la igualdad de derechos de todas las personas.

A ver si ya nos va quedando claro que la pelea por loa derechos es pareja, y no solo en favor de quienes piensan, o se ven, igual que nosotros.

Así que, lamento si hago enojar a otra feminista radical por estos lares, pero no pienso renunciar a quien soy y como me veo; como tampoco creo que andar con un estilo diferente al mío por la vida, resolverá el tema de la desigualdad de género en la sociedad. Si alguien me asegura que sí, mañana mismo me dejo crecer la barba.

Felices pasos

Un comentario sobre “Creo en la equidad de género…

  1. Violeta, me parece que hombre y mujer son un complemento uno de otro. En la parte física hay muchas diferencias y en la parte intelectual me parece que ahí si hay una real equidad. Afortunadamente no somos iguales. Abrazo cariñoso

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