Estimado señor destino…

Usted tiene sus reglas y sus decisiones, no estoy a estas alturas para cuestionarle por qué elige lo qué elige. Infiero qué hay un montón de cosas que son decisión suya: dónde nacemos, cuándo nacemos, quienes serán nuestros parientes, nuestro color de ojos, nuestra estatura (con todo respeto, ahí sí tendría que aclararle que me debe unos 10 centímetros, pero ese no es tema de ahora), es probablemente usted quien dirige el cómo de nuestros primeros años de existencia en esta tierra.

Como dije, no estoy para reclamarle ciertas cosas; aunque es verdad que no entiendo todas sus decisiones. En memoria reciente he padecido pérdidas dolorosas y topes de realidad que, me parece, que no tendrían por qué haber sido así. Que duelen, que cuestionan la justicia en el mundo, y el cuento ese del bien y el mal. No las entiendo pero usted, que lleva existiendo (o siendo, o cualquiera que sea el término), mucho más tiempo en este plano que yo, tendrá sus razones. Y ni hablar…

Pero, me va a usted a disculpar, difiero con aquellos que creen que es usted quien define todo lo que nos pasa y cómo lo vivimos. Yo no sé cuánto tiempo me queda aquí, pero algo sí le digo: mientras yo esté, seré yo y nadie más, responsable de cómo ando por esta vida.

Usted podrá definir si, por ejemplo, hoy me tocaba padecer un aguacero de diez minutos que nos dejó empapadas a mi perrita y a mi; pero el cómo me reí mientras huía del granizo, esa, estimado señor destino, es mi decisión.

Ignoro si usted bocetea o escribe de principio a fin nuestra historia desde el momento en que nacemos, pero si así es, le recomiendo que vaya borrando algunas páginas de la mía.

Mi camino, mis decisiones, mis errores, la gente a la que quiero, los afectos con los que comparto mi vida, aquellos a quienes saco de mi entorno, el café de la mañana en vez del té; el mezcal en vez de la ginebra, los libros en papel en vez de los digitales, las películas que me hacen llorar, las canciones que me hacen feliz, los abrazos que doy, las intimidades que voy tejiendo, los trabajos que elijo, o no; caminar al aire libre en vez de ir al gimnasio. Todo eso, señor destino, es asunto mío así que, no pierda su tiempo conmigo que yo tengo una vaga idea de cómo quiero vivir mi vida.

Yo lo entiendo y lo respeto, yo sé que el punto final lo decide usted. Pero los capítulos de mi vida los escribo yo.

Ya veremos cuando llegue el momento, qué tan bien o mal lo hice, pero algo sí le digo: intentaré, a pesar de todo, pasármela lo mejor posible, porque ahora, los días espesos me han recordado que usted es sorpresivo. Así que, mientras tanto, lo estaré capoteando con una sonrisa.

Felices pasos

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