Recuerdos, tabaco y ron

El otro día fui con un grupo de buenos amigos a la presentación de tres rones premium de Bacardí, durante un evento que estaba enfocado a recrearnos aquellos años de gloria de las haciendas cubanas donde, hacia finales del siglo XIX, Facundo Bacardí (español de origen) fundó en la isla la primera gran fábrica de ron de América, basándose en la receta básica del aguardiente de caña.

La noche en sí misma fue una belleza, con catas hechas por expertos embajadores de la marca que saben cómo se disfruta de una bebida, con comida rica, con buen ambiente y rostros conocidos a los que les tengo un cariño muy especial.

No obstante, y a título personal, lo que más me gustó fue cómo esa noche me trasladé a mis años de infancia en La Habana, la ciudad que vio crecer a mi padre, y donde pasé largas temporadas y me resultó increíble ver cómo un solo aroma o un pequeño trago puede encerrar tantas historias y recuerdos.

Mientras cada uno de los expertos en los tres tipos de bebidas estelares de la noche -Bacardí Ocho, Diez, y Reserva Limitada- nos llevaban de la mano al increíble mundo del ron, yo me iba un poco por la libre, recordando las noches de son cubano con amigos de mi familia y con gente que era capaz de hacer una fiesta de la nada: un poco de música, ron (por supuesto), hielo y limón, y lo que hubiera a mano bastaba para hacer de todo un momento especial.

Crecí viendo a mi padre jugar dominó cubano en las grandes terrazas de La Habana y de la casita de campo en Cienfuegos, vi a mis tías armar un banquete literal, de la nada, y crecí viendo los atardeceres en el malecón y esperando que pasaran aquellas lluvias tropicales que dejaban un olor increíble cuando llegaba la hora de salir de nuevo a jugar.

Más grande, probé el ron (con hielo nada más, que en mi casa era pecado beber cocteles) y hace dos noches, con tan solo acercar mi nariz a la copa pude revivir cada uno de los increíbles momentos que pasé en aquella isla tan generosa y llena de magia.

Me resultó increíble percatarme de cómo los sentidos humanos tienen esta capacidad de llevarnos a otras latitudes y cómo, cada una de las sensaciones que el cuerpo recibe, funcionan básicamente, para recordarnos que estamos vivos. Y que una canción, un sabor, un aroma o una imagen pueden ayudarnos a revivir toda clase de sensaciones.

Hace dos días volví a las callecitas de mi querida Cuba (algo de cierto debe de haber en eso de “infancia es destino”), percibí el encanto de aquellos días en ese vaso de ron con notas de madera, miel y frutos secos, y me detuve por un momento a sonreír por lo que la vida me dio y me sigue dando, por el recuerdo de mi padre, de mi infancia, y de todo lo que aprendí en esa mágica isla caribeña. Todo eso cabe en un simple trago de ron.

Felices pasos .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario sobre “Recuerdos, tabaco y ron

  1. Muy cierto. En nuestras.mentes quedan grabadas aromas y sensasiones que nos trasladan inmediatamente a esos momentos inolvidables aunque estes en un momento social, festivo o hasta sexual.

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