Durmiendo con el enemigo

“No hay ser humano que le eche una mano, a quien no se quiere dejar ayudar”.
Conductores suicidas. Joaquín Sabina

Hace relativamente poco, una amiga y yo vimos oootra vez, la caída en picada de una conocida que lleva ya varios años encariñada con la piedra. Buena chica, trabajadora, talentosa.. pero, como bien dice Jorge Drexler: “Aquiles por su talón es Aquiles”, así que tiene, como nunca le hemos visto a nadie más, una capacidad de autoboycott que supera cualquier cinta de ficción.

A estas alturas de su vida -porque una niña ya no es- ignoro cuál es el adjetivo calificativo que mejor le vaya a esa personalidad suya. Además, ya saben que eso de los adjetivos no es mi actividad favorita, pero en este caso no sé si es muy ingenua (o muy pendeja, pues), muy necia, muy soñadora, o muy qué.

El caso es que lleva cerca de una década repitiendo el mismo patrón, enamorándose locamente de personas que le ofrecen el cielo y las estrellas y esta deja todo to-do porque se lo cree a ojos cerrados y deposita en esos seres su alma, su confianza, su esencia, su ser, su persona entera y… exacto: su cuenta bancaria.

No necesariamente todas son personas con las que establece una relación sentimental a nivel pareja: son afectos de otros tipos que de un día para otro se convierten en el centro de su universo y acaban tarde o temprano, metiéndola en aprietos.

La cosa es que ya llega una edad en la que nuestra única obligación para salir adelante, es aprender de nuestros errores y no creer que un día encontraremos en las distintas áreas de nuestra vida, a personas que nos permitirán caer en las mismas tonterías de siempre, pretendiendo que no obtendremos (o-tra-vez) el mismo resultado.

Hace no mucho esta chica nos llamó por enésima vez (como cada tres años en la última década) para contarnos cómo de nuevo su castillo de naipes se derrumba porque ése hombre que parecía todo un rey resultó ser un monstruo de piedra con el que además, en una falta absoluta de astucia, ésta puso un negocio donde invirtió hasta su último centavo, a los ¡tres meses de conocerlo! Claro está que cuando nosotras nos quedamos así al oír la noticia:

yoli 2

… y le intentamos advertir que su galán pintaba pa’ Godzilla, de inmediato fuimos sentenciadas a la mazmorra por malas amigas, poco apoyadoras, amargadas, díscolas, envidiosas.

Y una vez más comprobamos que esa chica talentosa, de mirada noble y tremendamente insegura, no podrá librarse de la maldición hasta que no entienda que su peor enemigo es con quien duerme y se levanta eternamente: ella misma.

Así pasa cuando nos da por olvidar para qué sirve cometer errores. Ni hablar… aquí va de nuevo  a tropezar con la misma piedra.

FELICES PASOS

Un comentario sobre “Durmiendo con el enemigo

  1. Me parece muy buen articulo.
    desgraciadamente esta chica tiene el auto estima muy bajo para hacer todo por nada ella debe darse su lugar para que esyos vividores la valoren y respeten.

    Me gusta

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