Eso que te mueve las estructuras

Gente que nos gusta y la que le gustamos siempre habrá; algunos más, otros menos, pero siempre nos toparemos con alguien.

Sin embargo, dentro de ese universo de gente que nos gusta pasa que, en algunas ocasiones, más allá de gustarnos vemos a una persona y tenemos la sensación de que un rayo nos está recorriendo de arriba a abajo y viceversa; ahora, si es nuestro día de suerte, resulta que cuando esa persona nos ve le sucede exactamente lo mismo.

Y es en esas contadas ocasiones cuando Cupido se merece el bono por ser el empleado del mes.

Con el paso de los años, con los demonios más correosos y conociéndonos mejor en las buenas, las malas y las peores, esa sensación se vuelve más complicada; la adolescencia y el carnaval de hormonas que nos hacen ir del cielo al infierno en segundos, ya no nos dominan y sentir ese choque que nos descoloca no es tan sencillo… pero como los buenos vinos, enamorarse con la edad, siempre es mejor.

Y en el momento que nos reconocemos enamorados y correspondidos podríamos jurar que somos las personas más poderosas del mundo. El amor nos hace sentir indestructibles… y así es durante un buen tiempo.

La mala noticia es que todo ese poder que nos da el ser amado,  aquello que nos arrebata y nos hace admirarlo, con el tiempo puede volverse también nuestra criptonita; porque, tal como pasa con las vacunas: lo que nos protege, también nos hace daño; y eso que tanto nos gusta de la persona de la que nos enamoramos un día se convierte en lo que más podemos detestar de esa misma persona.

Que no cunda el pánico, eso es normal, eso que nos mueve las entrañas sigue ahí solo que se empolva con el tiempo, y la rutina, cuando baja el rush, cuando olvidamos todas las razones por las cuales decidimos andar el camino junto a ese ser que parecía perfecto y ahora todo lo contrario.

Y es en ese momento, cuando uno está buscando las “políticas de devolución de la mercancía” cuando vale la pena respirar y trasladare a ese momento exacto en el que la mirada de una persona nos atravesó dejándonos a flor de piel; y si una relación es saludable y solo tiene sus curvas, vale la pena recordarlo.

¿Hace cuánto que no te detienes a recordar cómo fue ese primer contacto con la persona que es ahora coprotagonista de tus historias?

Piénsalo, recuérdalo, sonríe y luego invítale una copa.

FELICES PASOS

 

 

 

 

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