¿Por qué estás tan segur@ que no puedes?

El otro día, mi amiga la de las pestañas bonitas y yo, fuimos invitadas a una clase de cocina/experiencia gourmet.

Mi amiga fue a hacerme compañía, en un acto de amistad y solidaridad, pero convencida de que no haría nada que pusiera sus manitas en riesgo (por aquello de los cuchillos), ni mucho menos, la vida de los demás (por aquello de que, según ella, en cualquier descuido, la cocina saldría volando).

Y es que, en realidad, desde que la conozco -hará cosa de cinco años- siempre la había oído decir que eso de la cocinada no es lo suyo. En mi caso, por el contrario, y aquí donde me ven de atarantada, descubrí hace muchos años que hacer de comer es una de mis más grandes terapias, y una de las mejores maneras que he encontrado para expresarle mi cariño a la gente que quiero.

La experiencia Gourmet era en principio, súper divertida, pues estábamos haciendo experimentos y viendo toda clase de recetas botaneras con un pequeño toque ruso, a propósito de que ahora viene el Mundial de futbol. De inmediato, cada miembro de este dúo dinámico se instaló en sus propios roles: ella a tomar fotos (lo hace divinamente), y yo a intentar seguir las instrucciones para preparar baloncitos de queso Philadelpia con zarzamoras y chocolate (háganlo. De nada). Y así, entre una receta y otra, y entre un chisme y otro le pregunté:

– ¿Cómo sabes que no sabes cocinar?

– Pues porque no sé, me respondió… porque, porque… pues porque nunca aprendí.

Y así fue, entre una porción de queso y otra, que ambas descubrimos que, si es verdad que no tiene gran práctica en la cocina, nunca se había puesto en el track de intentarlo por el simple hecho de que, desde que tiene memoria, ella cree que no sabe.

Y es que al final, una idea no es más que una frase que convertimos en verdad, regularmente a temprana edad, y la dejamos ahí, en un rincón de nuestra cabecita, añejarse y llenarse de telarañas sin siquiera plantearnos si se trataba de una realidad escrita en piedra.

Mi amiga la de las pestañas bonitas se animó a preparar una sopa Borsch (un caldo de res, con vegetales, de textura espesa, muy tradicional de la cocina rusa) y se sorprendió al ver que no solo no era imposible, sino que le había quedado deli, y, no menos importante: nadie en esa cocina había resultado herido.

Yo pensaba esa noche, mientras cenaba galletitas con queso crema y salmón, en todas aquellas cosas que me considero incapaz de hacer por el simple hecho de que nunca lo he intentado. No sé, tal vez sea tiempo de meterme a clases de baile, de intentar tejer o de, ahora que mi dedo machucado va mejorando, de que aprenda a montar en bici y me anime así  a vencer el terror que me da la idea de partirme la cara sobre dos ruedas.

Mi amiga la de las pestañas bonitas me jura que hizo la sopa en su casa, y que, una simple tarde de jueves la hizo descubrir que llevaba toda una vida aferrada a una idea que después de todo, no era tan certera.

A final de cuentas, ¿a los cuántos intentos fallidos puede uno asegurarse incapaz de lograr algo?

Felices pasos

2 comentarios sobre “¿Por qué estás tan segur@ que no puedes?

  1. Me encantó…me sentí totalmente identificada, digo que no sé cocinar pero en realidad…nunca lo he intentado!!! Manos a la obra, a ver qué tal me sale, total…tengo más de 1 intento! 😘

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