La razón de ser del poder

Estoy convencida: no hay nada más poderoso que una mujer que se respeta a sí misma. Es más: creo incluso que no hay nada más poderoso que una persona que se respeta a sí misma; pero, dadas las circunstancias que como mujeres nos ha tocado vivir en la sociedad, el concepto de respeto a sí mismo es, nos guste o no, más difícil de conseguir si nacimos perteneciendo al género femenino.

No obstante, no comulgo siempre con este concepto de los superpoderes femeninos, o al menos, con una de las muchas acepciones que en este mundo tan diverso y donde todos podemos opinar de todo, se le da.

Lo pensaba el otro día que vi el Facebook de una amiga mía, muy querida y respetada, que subió un post que decía algo así como: “ten miedo de una mujer que aprende a respetarse y quererse”… Y yo pensaba, ¿por qué tener miedo?

No sé cómo, ni cuándo, ni por qué, la diferencia de géneros nos enfrascó a hombres y mujeres en un eterno campo de batalla; y yo pienso, ya con esta vida medianamente vivida y con los raspones que me han tocado, que, en vez de tener miedo a una mujer que aprende a respetarse a sí misma, lo que debemos es sentirnos profundamente en paz.

Da igual si somos hombres o mujeres, heteros u homosexuales, ateos o católicos…. creo que el mundo sería mejor si todas las personas entienden ese concepto de respeto y se rodean de quienes piensan como ellos.

Así que si un día, tú que estás leyendo esto tienes la suerte de toparte con una mujer que ya aprendió -seguramente por las malas- a respetarse, a respetar al otro; que ya entendió que el valor de una persona no se lo dan ni los apellidos, ni el dinero, ni el coche último modelo, ni el estado civil, ni el puesto de trabajo espectacular, ni esa piel lozana o esas curvas perfectamente delineadas; sino que vale por el simple hecho de que se lleva bien consigo misma, que ya se peleó con la del espejo más de una vez (lo digo por experiencia) y ya aprendió a reconciliarse con ella, a entenderse y protegerse; ya entendió que enamorarse es una aventura maravillosa y no un camino de espinas, que no necesita mimetizarse con una pareja para ser feliz,  ya aprendió a decir “sí” y “no” cuando le vino en gana, ya rompió sus propios límites y ya conoce el valor infinito de hacerse compañía a sí misma con una copa de vino; si te topas con una mujer que sabe poner en el archivo correcto el valor de la amistad, del amor, del trabajo, de la maternidad, de la soledad, del esfuerzo, de las risas y del llanto, si puede compaginar todo eso en su vida y si tú por alguna razón te topas con alguien así, no tengas miedo; al contrario, siéntete profundamente protegid@ y afortunad@.

Porque ella, además de ser una gran compañía, además de no tener miedo a dar amor o a poner límites, ya entendió que el poder no sirve para dominar al mundo, sino para, en la medida de sus posibilidades, hacerlo sonreír.

Felices pasos

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