Puedo estar equivocada…

El fenómeno de las redes sociales, además de volverse una adicción y de tenernos comunicados todos contra todos, nos ha convertido (o nos ha hecho creer que somos), expertos de todo, en críticos de todo, en jueces de absolutamente todo.

No digo, por supuesto, que la libertad de expresión esté mal, todo mundo tiene el derecho de expresarse libremente; la cosa es que en tiempos de redes y tiempos electorales en este bendito país, al cual alguna vez Salvador Dalí definió como “más surrealista que sus cuadros” (y eso que no le tocó ver, ya no a los candidatos: a los ciudadanos dándose hasta con la cubeta para defender a uno u otro bando) pareciera un infierno donde cada diablo cree que su verdad es la que cuenta.

Y, malas noticias, la verdad es solamente de uno y de nadie más. Lo pensaba el otro día que manifesté mi gracia o antipatía por determinado personaje político y,  con excepción de par de personas que amablemente me dijeron que no estaban de acuerdo conmigo; el resto se dio por aludida, defendieron al personaje en cuestión como si de su santa madre se tratara y, a todos aquellos que manifestamos pensar diferente nos llovieron toda clase de adjetivos calificativos, desde machistas, fascistas, ignorantes, frívolos, etc.

Y no hablo solamente de política, sino de toda opinión que uno quiera externar; nos hemos vuelto una jauría de bestias que está al acecho para atacar a todo aquel que no piensa como uno. Y es que claro, bendito sea Google, últimamente todos somos polítologos, sociólogos, feministas, “eugenioderbezólogos”, “campañólogos”, “luimiguelólogos”,  y hasta “luisitoreylólogos”. Obvio, está muy padre para echar el chal con los amigos, y es una belleza tener una herramienta que nos permita subir a la mega nubesota lo que pensamos o en su defecto, aprendernos la biografía del cineasta mexicano más odiado de las últimas 72 horas… pero, me pregunto: ¿Nuestra verdad es la absoluta?

Humildemente, creo que no. A título personal, procuro no definir a la gente con adjetivos calificativos porque me parecen las palabras menos objetivas del vocabulario. (Por ejemplo, con mi metro y medio de estatura tengo la osadía de decirle “chaparra” a una prima mía que, si acaso, medirá dos centímetros menos que yo; pero es la única persona en el mundo a la que puedo llamar así).

Y entiendo que el mundo esté cambiando, y entiendo que todos tengamos diferentes opiniones, pero de eso a jurar que todo aquel que opine distinto merece toda clase de adjetivos, que está mal, y que merece la hoguera… pues no sé.  Tal vez disminuir la dosis de ego y aumentar las de tolerancia nos acerque un poco a ser las personas que tanto presumimos ser (porque, oooobviooo, nadie es más bueno, ni justo, ni noble, ni bondadoso que nosotros).

Al final, pienso que como humana que soy, puedo estar equivocada, pero el hecho de que lo esté, no significa que tú estés en lo correcto.

¿Lo habías pensado?

#FELICESPASOS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s