Mi mamá, la victoria de su Victoria

Me atrevo a afirmar que en toda mi vida no he tenido reto más grande, ni relación más compleja que la tengo con mi madre. O mejor dicho, que la que tuve con mi madre desde que ella se empeñó, contra viento y marea, en traerme al mundo.

Entonces, en los 70, los resultados eran claros y contundentes: no había manera de que mi madre quedara embarazada. Pruebas aquí, doctores allá, y nada.

Tres años después, cuando mi mamá llegó con su pequeñita recién nacida en brazos, el doctor la habría de bautizar como “la niña que me ridiculizó”. Porque mi madre, o yo, o las dos juntas, no lo sé, desafiamos a la ciencia y tras años de intentos fallidos y con una posibilidad ridícula, llegué al mundo. Por eso, mi mamá decidió llamarme Victoria.

Quisiera decir que el camino que siguió fue de rosas y miel, pero mentiría. Su Victoria (que además, tan rebelde ella luego se cambió el nombre por otro con “V”), su única hija y ella se enfrascaron en una relación compleja, complicada, retadora, desafiante y me atrevo a decir, por momentos agotadora.

Sin embargo, tantos años después, ignoro el motivo, nuestras profundas diferencias lejos de alejarnos, nos acercan. Hoy veo con admiración y maravilla a mi madre envejecida, pero jamás cansada de vivir.

Admiro profundamente su capacidad de adaptación; admiro cómo a sus años ha hecho de todo para ser ella parte de mi mundo, del mundo que yo elegí.

No le di nietos (ni se los daré), no llevo ni remotamente una vida como la que seguramente ella soñó que tendría; le salí “rara”, atea, rebelde, intensa, tatuada, bastante más diferente de lo que hubiera querido.

Y a pesar de eso, a pesar de ser todo lo que ella nunca soñó, mi madre se ha empeñado en ser mi más grande admiradora, y ha hecho un gran esfuerzo para entender mi felicidad y respetar mi personalidad; y ha logrado, increíblemente, ser feliz con lo que la vida le ha dado y también le ha quitado.

No fue fácil el camino. Formarnos, entendernos y querernos también fue un reto mío, también trabajé y hoy, afortunadamente, cosecho mis propias victorias al lado de esa mujer que tan entrada en años saca energía dios sabe de dónde para seguirme el ritmo, viajar conmigo, pasear, tomar vino, trabajar, cocinar y salir con sus amigas prácticamente diario; al lado de esa mujer tan compleja a la que tanto le debo y que cada día se vuelve más mi responsabilidad.

Y espero, pido a la vida que así siga siendo por mucho tiempo más.

Celebro y honro a mi madre que, quién lo iba a decir, acabaría convirtiéndose en la más grande victoria de su pequeña Victoria.

FELICES PASOS

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2 comentarios sobre “Mi mamá, la victoria de su Victoria

  1. Lindisimo. Tu madre debe de estar muy orgullosa de su Victoria. Me dio nostalgia y alegria ver cómo te expresas de tu victoria,tu queridísima madre. Un abrazo grande para ella y un beso para ti.
    Tessy.

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