Los don’ts de la indecente

Hay ciertos códigos de comportamiento que entre mujeres no requieren de mayor explicación y que, me atrevo a afirmar, son un universo desconocido para cualquier caballero.

Para empezar, a estas alturas del poema ya sería el colmo poner el término “indecente” para condenar el comportamiento sexual de cualquier chica que hace con su vida, sus piernas y sus amaneceres, lo que le viene en gana; así que, antes de que se alebresten aclaro que el título de esta entrega obedece más a un juego de palabras, a que el hecho de que yo crea que una mujer no merece respeto absoluto por tener más de una indecencia -Por llamarla de algún modo- tachada en el calendario.

El otro día coincidí con un grupo de amigas relativamente nuevas en mi vida, y contábamos de nuestros andares por la ardiente ruta de Cupido para ponernos al día (teníamos toda una vida por contarnos).

La chica de lentes, guapa y con aire ejecutivo, nos narraba que la noche anterior había salido con, literal, el hombre de sus sueños: entrando en la edad interesante, ejecutivo con auto deportivo y un divorcio a cuestas, atractivo, sibarita y, todo un caballero que, durante una primera cita de ensueño, la invitó cordialmente a pasar la noche juntos y ésta se negó.

– ¿Pooor?

Preguntaron dos al alimón con cara de sorpresa mientras la cuarta, es decir, esta servidora, tantito más maleada, dijo: “porque seguro no sea había depilado las piernas y el bikini”.

BINGO!

Silencio. Todas las presentes con cara de: “ah, obvio”, mientras la protagonista de la no-noche de pasión nos narraba llena de frustración cómo, se percató del hecho de último momento y no tuvo más remedio que hacerse la difícil y decirle al Romeo en cuestión que otro día con más calmita.

Pensábamos entonces en las nuevas generaciones, en esta nueva corriente feminista y en cómo, probablemente ahora haya chicas a la que, cuestiones como esas, les importen un comino; pero no, no es nuestro caso (No: tampoco somos machistas y estamos en contra de toda clase de violencia de género… pero de eso a acostarnos al menos la primera vez con alguien durante los días de nuestro periodo pues…. ewww! No, gracias).

Entre risas nos confesamos aquellos hechos que nos han orillado a renunciar a la pasión por un mero concepto estético, como no tener las piernas depiladas, no estar al día con el pedi, o haber tenido el descuido de ponernos ese calzón de abuela que tan cómodo nos resultaba. Una más recordó la noche que se encontró con un viejo amor escolar que andaba de paso por la ciudad, y renunció a los placeres de la carne porque precisamente ese día se había metido con todo sacrificio en una faja de esas que anuncian en la tele; y una más que se dio cuenta que llevaba un vestido demasiado ajustado y despojarse de él la habría hecho más parecer un panda bebé, que la sexy chica que ella esperaba ser; o la que, en pleno arranque de la pasión se percató de que sus extensiones de pelo estaban por tirar la toalla y corría el riesgo de que su galán se quedara con un mechón en la mano, así que salió corriendo.

Es verdad, a veces por ciertas cosas, tenemos que negarnos a decirle que sí a esos caballeros que tanto nos gusta pero no, no es decencia… es que no tenemos rastrillo a la mano y una parte de nosotras no puede evitar sentirse como Bridget Jones . ¿Qué remedio?… no somos perfectas todo el tiempo 😉

#felicespasos

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