Carta al hombre del que estoy enamorada

Hola. No colapses. No te asustes. No corras (porque no pienso ir tras de ti), que esta no es una propuesta de nada.

Llega un momento de nuestra historia personal en que debemos, supongo, capitalizar todo lo que nos ha pasado y sospecho que justo por esa razón llegaste a mi vida -y en todo caso yo a la tuya-, para ver qué tanto aprendí, o no, de la ruta de Cupido. Si debo repasar algunos caminos o seguir adelante con el costal de lo aprendido.

Hoy que me gusta que estés en mi vida, me pongo a pensar en todo lo que ya no me va a pasar contigo, porque para bien o para mal, a estas alturas de nuestra vida, ya nos conocimos con heridas de guerra.

Ya no fuiste -claramente- el primer hombre con el que tuve sexo (ni yo, por supuesto, la primera mujer con quien tú lo tuviste), ni el primero con el que después tuve una relación más allá de las sábanas; ya no fuiste el primero que quise llevar corriendo a presentarle a mis padres, o ése que por su look rebelde escondí durante meses del hogar paterno, por evitarle a mi madre el colapso de tener un novio con facha de “bad boy”.

No eres ése primero por el que me perdí en medio de un amor adolescente recubierto de hormonas salvajes, aquel al cual le juré amor eterno (y evidentemente no se lo cumplí); o ése a quien creí amar pero olvidé después de dos Vodkas durante el siguiente verano en la playa. Tampoco el que despertó a la princesa que todos llevamos dentro cuando me mostró una argolla de compromiso.

No era tu sonrisa la que vi luego de caminar al altar vestida de blanco, ni fue tu nombre el que dije cuando juré serte fiel hasta que la muerte nos separara (promesa que por supuesto, también rompí). No fuiste tú quien me enseñó que esa clase de cosas no se prometen, y tampoco es tu nombre el que figura en el documento que me liberó de aquella dolorosísima historia; no serías incluso, el primero que me obligaría a reinventarme. Ni ése que me hizo creer que sin su amor, apellido y dinero, yo quedaría reducida a nada.

Tampoco eres con quien descubrí el amor loco a otro nivel; ése a quien algunos llaman “el gran amor de la vida”, ni a quien me costó años olvidar y que -ni modo- me enseñó que también el corazón puede tener cicatrización queloide. No, no eres mi primer cómplice ni el primero al que le cuento mis secretos; y no, no es la primera vez que sonrío cuando alguien me llama o me manda flores.

Ni siquiera eres es que me rebajó la autoestima a cero; ni aquel que me hizo dudar de mí misma y por el cual creía que debía aceptar el amor a medias; no, tampoco el que me hizo pedazos el ego, cuando lo vi entrar en un restaurante del brazo de otra; ni ése por el cual lloré más de una noche cuando supe que se había casado con una que claramente no era yo.

No compartí contigo mi primera borrachera, ni me las arreglé para escaparme a la montaña un fin de semana; no fuiste tampoco mi primer one night stand; y por fortuna tampoco eres ese chico que apareció en mi cama y cuyo nombre intenté recordar después de una noche loca; ni ése al que jamás le volví a tomar la llamada, ni al que le pongo en twitter cada jueves que por favor me deje de stalkear… ni ése otro que a pesar de sus múltiples cualidades no logró despertar en mí esa cosquilla que se supone que uno debe sentir para dar un paso más.

Tampoco eres con el que compartí mi vida algunos años y que me hacía cargar con un mundo de culpa porque no me animaba a dejarlo. No, no eres ese al que le dije que lo amaba con locura aunque yo sabía que no era cierto.

Controla a tu macho. Aunque no lo creas, todo son buenas noticias. Porque hoy eres el que está aquí. Hoy ya he dejado casi todos mis demonios atrás; hoy no quiero necesitarte ni que me necesites, sólo quiero que estemos. No quiero que nada externo nos ate, ni quiero volcar en ti mis demonios, ni quiero tampoco que vengas a depositarme los tuyos. Sólo me interesa que un día a la vez, caminemos y veamos si vale la pena, al amanecer, andar un tramo más. Sé que se nos iremos, voluntaria o involuntariamente, tocando las heridas, pero ya sabemos que son eso: cicatrices del pasado.

Mi amigo Gabriel insiste en que es tonto creer que las primeras veces se acaban algún día; tal vez tenga razón, yo no digo que tú y yo no podamos tener muchas primeras veces de algo. Por mi parte, eres el primero al que le escribo que no es el primero; y es verdad que no eres mi primer cómplice ni yo la tuya, pero en una de esas, podemos intentar, al menos por hoy, ser los mejores.

Felices pasos

 

4 comentarios sobre “Carta al hombre del que estoy enamorada

  1. Soy fan desde cosmopolitan, me encantan tus escritos 😍 pero estés en especial es maravilloso. Nunca dejes de escribir, tus fans adoramos leerte 😉 Saludos desde Mérida,Yucatán.

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